Hans Werner Henze: La música en su forma más refinada pero en el camino hacia la lucha de clases.

El escrito de Henze La música en su forma más refinada pero en el camino hacia la lucha de clases (1973) se mueve en un contexto bien definido: el de la implicación del arte con los ideales humanistas y políticos con los que siempre se ha identificado el compositor. Henze, uno de los más grandes músicos de la segunda mitad de siglo, especialmente en el campo de la ópera, se ha comprometido siempre con los ideales revolucionarios de izquierdas, incrementando su implicación durante las revueltas juveniles de los años sesenta, que le llevaron a declararse marxista. Estas experiencias encontraron amplio eco en sus obras musicales, cargadas de trasfondo social y político. Algo parecido, en un contexto ideológico cercano, habían hecho Hanns Eisler en Alemania o Luigi Nono en Italia. El Henze de esta época, que había huido en 1953 de su patria alemana, vive en estos años cerca de Roma, atraído por el paisaje italiano y por la cultura latina. Desde su retiro, expresa sus ideas acerca del compromiso social del arte y de las implicaciones de este con las minorías reprimidas, en un momento en que la antigua República Federal de Alemania se enfrascaba en la lucha contra la banda terrorista Baader-Meinhof, de la que Henze no quiso públicamente distanciarse. La renuncia de Henze al dodecafonismo y al serialismo tuvo que ver con condicionamientos personales y sociales, referidos a la defensa de los derechos de las minorías y a las implicaciones puristas «burguesas» que esas músicas despertaban en él. Fruto de las reflexiones de esta época son los escritos que nos ha dejado el compositor sobre sus ideas y sus obras en el libro Musik und Politik. Schriften und Gespräche 1955-1975 (Música y política. Escritos y conversaciones 1955-1975), publicado en 1976.

José María García Laborda.

 

Hans Werner Henze (1926): La música en su forma más refinada pero en el camino hacia la lucha de clases (extracto 1973).

 

[…] Hans-Klaus Jungheinrich: Hablando de forma superficial, Vd., como compositor y como zoon politikon, comenzó una segunda vida alrededor de 1967-68. ¿Significa esto también un giro radical respecto a todo lo que había hecho antes? ¿O le siguen interesando igualmente las obras que había compuesto antes? Si es así, ¿nos podría citar algún ejemplo?

Hans Werner Henze: Un ejemplo sería Elegía para jóvenes amantes, una pieza con la que me he vuelto a reencontrar en 1971, cuando la tuve que escenificar en Edimburgo. La confrontación entre comicidad y tragedia es mucho más fuerte, excitante y persistente de lo que recordaba. El estigma del «artista como héroe» me gusta mucho. Precisamente esta figura puede ser interpretada y escenificada de modo marxista; esto es lo que he hecho. La posibilidad de poder hacer algo así, se lo debo a mis experiencias y estudios en los últimos cinco años.

Hans-Klaus Jungheinrich: Usted habló una vez, en relación con [la ópera] König Hirsch (El rey ciervo), de un nuevo contacto con el surrealismo.

Hans Werner Henze: Veo una relación entre el surrealismo, especialmente el de la plástica, la crítica social y aspectos del realismo que el surrealismo expresa. […]

Hans-Klaus Jungheinrich: Usted hablaba hace poco de que su música está «manchada», de una «música impura» Esto alude a una necesidad de expresión que se aparta decididamente del modo de consideración tecnológico del material.

Hans Werner Henze: Usted ha sido el único que se ha atrevido a mencionar mi homosexualidad y a mencionarla en un contexto político. Yo creo que mi música no se puede explicar si se omite ese elemento. Naturalmente, es muy importante. Los motivos emocionales para una obra de arte son muy importantes. Si hoy son importantes para mí desde el punto de vista político, y no determinados por concetti impronunciables de perspectivas homosexuales, es porque yo pienso que el tema de la minoría de los homosexuales tiene que ver con el tema general de las minorías oprimidas. Mi comportamiento musical está determinado por el trauma que la actual sociedad ha dispensado a hombres de mi categoría, y que todavía dispensa con su «tolerancia represiva». Que yo, por ejemplo, haya evitado en mi trabajo el dodecafonismo ortodoxo y sobre todo el serialismo, en el que todos los parámetros estaban determinados, tiene que ver con el poco interés que estos métodos despertaban en mí, ya que me parecían tan «puros» que «nada» tenía que decir dentro de estas reglas. A mí me interesa la música para reproducir sensaciones, atmósferas, ambientaciones. Yo no quiero una música envuelta en papel de celofán. A la reprobación social hay que responder o con provocación o con asimilación. Ambas cosas producen cierta desolación en un hombre. Este fue también uno de los motivos por los que yo abandoné este país hace 20 años. Reprobación social, inseguridad. El peligro de deformación: de aquí surgió consecuentemente el compromiso político. Curiosamente yo no comencé mis estudios del marxismo con Stalin o Lukács, sino con Dutschke y Marcuse.

Pero desde mi juventud han cambiado muchas cosas; si yo tuviera ahora veinte años, mi vida y mi carrera transcurrirían de forma distinta; de eso estoy seguro. Antiguamente tenía una necesidad enorme de ser reconocido, de tener éxitos brillantes. Esto era tremendamente importante para mí, hasta que me di cuenta finalmente, de que mi búsqueda de éxito no era otra cosa que una compensación por mi falta de posible felicidad en otras esferas de la vida, de compensación por una existencia cómoda entre la burguesía y los arrabales de la ciudad.

Hans-Klaus Jungheinrich: El musicólogo Carl Dahlhaus expresaba recientemente que el «compromiso político» podía ser explicado como un fenómeno inmanente al arte, comparable al «antiarte» de los dadaístas.

Hans Werner Henze: Eso se puede referir, a lo sumo, a un revolucionismo burgués-musical, que apenas tiene algo que ver con el pensamiento marxista y menos con la lucha de clases, que es de lo que se trata. Un marxista es un luchador de clases; él hace lo que es necesario para la lucha de clases; toda manifestación artística suya estará en relación con esto. El marxismo no contiene un aliento hacia el anti-arte y tampoco un impulso hacia el anti-arte como estrategia. En lugar de eso, contiene la exigencia de un esfuerzo profundo por el significado radical del arte; en esto se halla precisamente su progresismo. Las contradicciones no pueden ser superadas en esta sociedad a través del arte, pero se pueden analizar y demostrar. Ahí se encuentra una parte de su importancia para la lucha. Otra parte es esta: nos permite trabajar en contra de la deshumanización, con los pocos medios que todavía le quedan al hombre, es decir con el arte, y no con el anti-arte. Con el dadaísmo, con cualquier clase de hermetismo o con agresividad, que de cualquier forma ya no son capaces de asustar a nadie, se consigue sólo algo inmanente al sistema. El sistema alienta a sus anti-artistas. […]

 

Fuente: «Musik in ihrer ganz verfeinerten Form, aber auf dem Weg zum Klassenkampf». Entrevista del compositor con Hans-Klaus Jungheinrich, publicada en el Frankfurter Allgemeine Zeitung, 3 de febrero de 1973. Traducción del alemán: José M. García Laborda.

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