Andalucía: Nacionalismo en disputa

1 ¿Qué nacionalismo?

Al reciente colapso de la Coalición Andalucista en las elecciones y la crisis del PA está correspondiendo una pugna entre los partidos políticos andaluces por convertirse en el referente del nacionalismo. El PSOE-A, en su último congreso, se acaba de declarar “el más andalucista de todos los partidos andaluces” y Luis Pizarro, nuevo secretario general, ha afirmado en el congreso que «El andalucismo real en esta tierra lo representa el PSOE» por haber hecho progresar Andalucía. Ello contrasta con las críticas del PP, que acusa a los socialistas de anteponer los intereses del PSOE en el ámbito estatal a los intereses de Andalucía, y reclama a Chaves que defienda el “andalucismo español”, mientras propone un “andalucismo constitucional” basado en una regeneración democrática de las instituciones andaluzas, en su opinión pervertidas por el PSOE-A y sus sistema clientelar. Por su parte el PA apunta a que el PSOE no ha resuelto la convergencia económica de Andalucía con el Estado y plantea un andalucismo entendido como el gobierno de políticos locales no hipotecados por su pertenencia a organizaciones supra-andaluzas, hipoteca a la que achaca la mencionada falta de convergencia de Andalucía con España.

En el caso de Izquierda Unida, CUT-BAI entiende que defender el nacionalismo andaluz implica defender un espacio de poder local y, por tanto, la libertad para construir una sociedad socialista en Andalucía. El caso del PCA, también dentro de Izquierda Unida, es similar, aunque su andalucismo se enmarca en su programa federal, por encontrar algún matiz. Izquierda Unida recurre a la historia del andalucismo y su identificación fáctica con políticas progresistas desde los años treinta. Es decir, a la relación del andalucismo con la II República y su espíritu progresista. Por ejemplo Antonio Romero dice que la ejecución de Blas Infante “le hace acreedor de ser considerado y reconocido como padre de la patria andaluza” (véase: http://www.larepublica.es/spip.php?article11254). Desde ahí parte una reflexión similar a la de la CUT aunque las medidas en concreto que deberán tomarse en el contexto de una Andalucía autodeterminada sean algo diferentes, pero quizá no excluyentes.

De todos los partidos con alguna significación, si no electoral, al menos con algo que decir sobre este tema, el PSA es quizá el que hace la propuesta más indeterminada en el plano ideológico. Parece seguir al PA al defender una gran fuerza localista capaz de presionar sin hipotecas a las instituciones del Estado para que suministren recursos a Andalucía que le permitan culminar el proceso de convergencia económica. Lo traemos como ejemplo aquí porque el PSA es el partido que más ha trabajado por constituir la recientemente liquidada Coalición Andalucista, aunque su compromiso organizativo contrasta con una falta clamorosa de base teórica y programática.

2. La Andalucía de la Junta

Durante los últimos treinta años Andalucía ha experimentado profundas transformaciones, en particular en lo referente al traspaso de poder de una élite agraria terrateniente a otra urbana y burocrática. Sin embargo, en términos de la relación entre masas y élites, las condiciones de distribución de la riqueza nacional y del poder político se han mantenido porcentualmente invariables o bien han aumentado. En términos de renta per cápita, tampoco se ha conseguido la convergencia con España, ni mucho menos con Europa. Sí que se han agudizado, mientras tanto, las contradicciones entre la organización de la economía y la capacidad productiva de Andalucía.

En algunas zonas, se ha pospuesto la reforma de la organización económica en sentido productivo por la imposibilidad de emprender tales reformas sin alterar drásticamente las relaciones de sociales. Por ejemplo en el caso de las subvenciones inútiles al campo y, sobre todo, en el caso del PER. La política de subvenciones no ha supuesto la transformación de las zonas rurales en dirección productiva porque tal transformación implicaría poner en riesgo las relaciones locales de poder que, en este caso, se han mantenido inmutables. En rigor, los recursos destinados al PER se emplean sólo y exclusivamente para mantener tales relaciones. En 30 años, ha habido tiempo suficiente para emprender una reforma económica radical de esas zonas aprovechando los ingentes recursos de formación y las posibilidades de la nueva economía, propiciando la creación de unidades productivas pequeñas, dinámicas, ligeras, internacionalizadas, con sólida base tecnológica; pero semejante reforma radical de las economías de las zonas donde se aplica el PER no interesa a quienes firman las peonadas y por tanto mantienen una situación de ventaja política y económica.

El proceso no es propio exclusivamente de la región. Andalucía es más bien el paradigma de la estructura de las relaciones de poder propias de territorios periféricos del sur de Europa tradicionalmente agrarios o semi-industrializados, por ejemplo en Italia. En todos ellos, con el llamado “Estado del bienestar” la aristocracia terrateniente se ha sustituido por un mandarinato político que controla los recursos del Estado y los emplea para desarrollar un sistema clientelar que incluye a los ciudadanos y a los agentes económicos. Este mandarinato se basa en una ideología de progreso social que no tiene sustento en la estructura económica y política, pero, tanto en sur de Italia como en el sur de España, etc., el poder local y regional se coordina con el poder central, a quien suministra millones de votos cautivos y proporciona “contrapesos de poder” en relación con otras regiones del Estado económicamente autosuficientes, mientras además proporciona mercados y mano de obra.

Este es el sentido, por ejemplo, del desarrollo autonómico de Andalucía identificado con el desarrollo de un formidable aparato burocrático políticamente efectivo en términos de control administrativo de la población, pero funcionalmente inútil. No necesitamos recordar que la Junta de Andalucía es la referencia económica casi única de la comunidad, tanto por la cantidad de personas que emplea como por ser prácticamente el único cliente de las empresas. Las decenas de miles de empleos inútiles de la administración pública de Andalucía deben mantenerse porque, como el sistema económico es incapaz de absorber las enormes capacidades de los trabajadores y organizarlas en sentido productivo, el poder no puede permitirse el lujo de mantener una bolsa formidable de parados con, por lo general, una alta cualificación y por ello gran capacidad de organización y de propaganda. Pero como, por otra parte, la competitividad de la economía andaluza se basa en el bajo precio de la mano de obra, es necesario reducir el rango administrativo (la correspondencia entre su cualificación y el rango de su puesto de trabajo) de esos trabajadores a medida que se emplean –es decir, abaratar su valor artificialmente- y mantener a pesar de todo una bolsa de desempleo que mantenga bajos los salarios mientras se mueve en el límite de lo que se puede soportar sin desencadenar graves conflictos sociales.

Los acontecimientos recientes corroboran esta lectura, por ejemplo la reivindicación de la deuda histórica y la reforma del estatuto, en el que la ideología del ‘más autogobierno’, es decir, ‘más democracia’, se liga al reforzamiento del aparato burocrático de la administración autonómica y a la mitología de la descentralización administrativa. “Descentralizar” se identifica con acercar el poder a los ciudadanos cuando el actual sistema municipal, que ahora se pretende reformar confiriendo más poder a los ayuntamientos, no es garantía ni de eficacia ni de proximidad, sino de corrupción y caciquismo, y constituye más bien un elemento de dominio económico. El resultado, por supuesto, no es más autogobierno en el sentido de más democracia, ni tampoco más progreso económico sino la consolidación de la élite dirigente. Y la izquierda, y la izquierda nacionalista, ha apoyado el estatuto y defiende la descentralización municipal y sigue reivindicando cosas como la “deuda histórica” (poner miles de millones más en manos de la Junta), sin percatarse de que en realidad está contribuyendo al mantenimiento del estatus quo y, en definitiva, tirando piedras contra su propio tejado, ofreciendo más recursos a sus adversarios políticos, que hoy ya parecen un coloso invencible si es que se le va a combatir en su propio terreno.

En lugar de proponer cambios en la estructura productiva de la comunidad que altere las relaciones de poder económico y libere las capacidades de los trabajadores andaluces, la izquierda andaluza y la totalidad de las organizaciones nacionalistas continúan reclamando ‘más financiación’ e incluso, en algunos casos transmite ridículamente a la ciudadanía que su propia debilidad política tiene como resultado el que otros gobiernos autonómicos se llevan una parte mayor del pastel.

Todos los partidos nacionalistas de izquierda proponen el reforzamiento de la Junta de Andalucía sin haber llegado nunca a realizar un análisis coherente de la forma de organización de las relaciones sociales de producción en la región y sus posibilidades de transformación en sentido progresista. Al final la alternativa termina por convertirse en un programa político difuso y superficial, un quítate-tu-que-me-ponga-yo a gestionar el aparato burocrático-institucional. El resultado es, por supuesto, que en términos de mera gestión el ciudadano no va a apoyar a candidatos inexpertos ante los del PSOE, que tienen mucha más experiencia y son, por así decirlos, los padres de la criatura. En definitiva, el proyecto andalucista de izquierdas no despega porque no dice nada nuevo con claridad, aunque exista en Andalucía un sentimiento nacionalista difuso pero muy extendido, como demuestra el interés de todos los partidos por adjudicarse la marca nacionalista.

3 Nacionalismo de izquierdas y nacionalismo de derechas

La confusión entre nacionalismo de izquierdas y nacionalismo de derechas es el principal obstáculo para la consolidación de una alternativa. En particular llama la atención la poca profundidad de análisis del concepto nacional por parte de los partidos de izquierda y cómo la falta de una definición clara de lo que sea este nacionalismo está obstaculizando decisivamente su desarrollo. Tomemos como ejemplo a Izquierda Unida y CUT-BAI en particular. Este grupo presenta un razonamiento circular porque si se es nacionalista para construir el socialismo en Andalucía, no se sería nacionalista si la autodeterminación no implicase socialismo. ¿Qué pasaría si España se proclamase socialista y Andalucía fuese nacionalista de derechas, es decir: contase con el derecho a la autodeterminación y lo emplease para seguir siendo capitalista? ¿Sería la CUT nacionalista andaluza o españolista? Aquí ha estado también el error del PSA, que ha propuesto un bloque nacionalista con el PA sin percatarse de la sustancia absolutamente diferente de sus nacionalismos, es decir, de que también el nacionalismo es un ámbito en el que tiene lugar la lucha de clases. Ello, y las presiones debidas a su crisis organizativa, le ha llevado a una política de alianzas de baja estofa, desesperada, errática y meramente institucionalista. En definitiva, a perder toda su credibilidad ante el electorado.

El nacionalismo de izquierdas europeo es históricamente característico de las regiones periféricas semi-industrializadas y supone básicamente considerar las condiciones socioeconómicas objetivas de un territorio sobre las cuales puede elaborarse un proyecto político emancipador. Precisamente por eso, el nacionalismo de izquierdas es ilustrado, universalista y revolucionario. No aspira a consolidad relaciones sociales y expresiones culturales particulares, sino a superar las estructuras sociales que aún enmascaran mecanismos de dominio propios de las sociedades agrarias, o a dar expresión político-institucional a la historia de la lucha por la emancipación de un colectivo asentado en un territorio determinado.

Por tanto la tarea del nacionalismo de izquierdas con respecto a las clases trabajadoras y a los pueblos con formas específicas, no estandarizadas de organización social consiste en considerar todas las características de la estructura económica objetiva, la estructura de clases y la cultura y las costumbres de cada nación sin realizar extrapolaciones mecánicas. Como tal parte de lo particular y lo concreto, pero trabaja por trascenderlo y su programa no es el de independencia, sino el de la emancipación y unificación del género humano, la igualdad de todos los hombres independientemente de su extracción nacional o social. Es decir: el nacionalismo de izquierdas no tiende ni mucho menos a la independencia del territorio en el que opera, sino a la desaparición del concepto de nación mismo. En sus formas más avanzadas es un nacionalismo crítico: fija las distinciones pertinentes entre las características nacionales entroncadas con el proceso de renovación social y aquellas características nacionales (promocionadas por el nacionalismo de derechas), que subsisten artificialmente, sólo porque enmascaran relaciones económicas de explotación.

La distinción entre elementos progresistas y reaccionarios en el seno de una sociedad nacional puede aplicarse a todas sus manifestaciones históricas, sociales y culturales. Existen, por ejemplo, manifestaciones progresistas de la historia de Andalucía como las revueltas campesinas, o expresiones culturales que lamentan y la explotación de los jornaleros, o el racismo contra los gitanos, o ridiculizan a los terratenientes y a los curas, o lamentan el exilio y la emigración. En suma, el nacionalismo andaluz de izquierdas es el heredero de la historia de la rebelión del pueblo andaluz, que es tan vieja como la propia Andalucía.

Frente a la izquierda, el nacionalismo andaluz de derechas promueve una civilización esencial en términos románticos y míticos, inalterable a los cambios históricos de la modernidad y así levanta trincheras contra las ideologías ilustradas y emancipadoras, que considera extranjeras, y produce corsés que limitan el desarrollo de una sociedad mucho más rica, dinámica y cambiante de lo que puede asir su perspectiva reaccionaria. Cuando estas estructuras se sienten amenazadas, es decir, cuando los caciques locales no llegan a acuerdos con las élites nacionales e internacionales, el nacionalismo de derechas tiende al independentismo, es decir, al mantenimiento e institucionalización de los circuitos económicos e ideológicos sustentados en la burguesía local frente a procesos de internacionalización económica y los movimientos culturales humanistas e ilustrados. En Europa el ejemplo más claro, junto a Andalucía, es el de Sicilia, donde se acentúa el impulso nacionalista cuando gobierna la izquierda en Roma y se atenúa cuando gobierna la derecha; pero también es relevante la situación del País Vasco –La política del PNV- o la de Cataluña –Convergencia-. No obstante, como lo local y particular tiende a oponerse a lo local y particular de otro lugar, no es de extrañar que el nacionalismo andaluz tenga un papel ambiguo y suponga un dique de contención de otros nacionalismos periféricos del Estado.

El principal motor ideológico del nacionalismo de derechas en Andalucía es la iglesia católica y su red de organizaciones reaccionarias, y en lo político su referencia es el Partido Popular, el Partido Andalucista y amplísimos sectores del PSOE. Todos estos grupos mantienen sobre el papel propuestas nacionalistas “democráticas” de cuño diverso; pero en realidad el componente liberal de estos grupos es muy débil frente al componente caciquil y provinciano, por eso no se toma nadie en serio el “nacionalismo constitucional” del PP, por ejemplo; aunque ello no quiere decir que el PP no sea nacionalista. Está claro que el eje PP-Iglesia católica es la referencia política del clasismo provinciano y el capillismo ideológico, anti-internacionalista y anti-ilustrado. Tanto en Andalucía como en el resto de Europa del sur, este bloque tradicionalista-católico ha actuado históricamente como dique de doctrinas internacionalistas y revolucionarias, promoviendo un catolicismo políticamente militante frente al pensamiento ilustrado.

Podemos llamar reaccionario al PA por el mismo motivo. Pongamos como ejemplo de lo anterior recientes políticas del Partido Andalucista inexplicables desde otra perspectiva, como por ejemplo su papel en la polémica generada en Sevilla a raíz de la mezquita que la comunidad islámica intentó construir en el barrio de Los Bermejales, donde se ha aliado con la organización Bermejales 2000 que es una extensión de la organización de ultraderecha España 2000. La contradicción entre ser nacionalista andaluz y aliarse con grupos franquistas es sólo aparente: En el contexto de una sociedad como la andaluza, cada vez más abierta, dinámica y rica de matices, donde se han incorporado nuevos grupos de emigrantes que ocupan los escalafones sociales más bajos, el PA apoya una versión de Andalucía blanca reaccionaria y nacionalcatólica. Así vimos a miembros del PA y el PP de lo más limitado, paleto, corrupto y reaccionario de Andalucía, contando con la colaboración del PSOE y la vista gorda IU, derivar hacia un franquismo extemporáneo y alinearse contra andaluces que, como se ha visto, carecen de derechos políticos, sociales y religiosos y se les puede reprimir y perseguir con total impunidad, como ha ocurrido siempre.

4. El programa del nacionalismo de izquierdas

De lo dicho antes se deduce que en Andalucía no puede existir un nacionalismo, sino dos, determinados por el contexto más amplio de la lucha de clases.¿Sobre qué base puede construirse un programa nacionalista de izquierdas? Evidentemente no se puede dar por buena la propuesta de Coalición andalucista. Tampoco se percibe cómo pueden progresar los débiles grupos nacionalistas de izquierda andaluces sin coordinarse en un frente con la expresión organizativa que sea, a no ser que se inaugure un debate previo que produzca una visión más o menos compartida, coherente y estructurada de la relación entre el nacionalismo y la izquierda. En lo programático, no tiene sentido plantear el reforzamiento del monstruo burocrático de la Junta pidiendo “más financiación” para hacer cosas tales como más carreteras, o “más competencias” para extender el dominio a los pocos ámbitos administrativos o económicos libres de su control. Seguramente la clave está en desarrollar más allá de lo esquemático un programa de reorganización de la estructura productiva y democratización del capital más bien que la inversión en un modelo evidentemente caduco cuyas implicaciones políticas ya hemos mostrado.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: