Subcomandante Marcos, “La cultura arriba y abajo”

Intervención de Marcos en la mesa redonda Otra Cultura ¿Es Posible? Teatro Emiliano de Zubeldía, Universidad de Sonora, en Hermosillo, 25 de abril de 2007

Para Doña Helena la fuerte y Doña Ofelia la sabedora.

Cuenta una leyenda en los pueblos indios del noroeste mexicano, que hubo un tiempo, hace mucho tiempo, tanto que el tiempo no tenía todavía el nombre de “tiempo”, que Coyote se enamoró de un hermosa mujer llamada Lucero. Lucero vivía muy alto, allá en el cielo. Y era vigilada todo el día por su celoso padre. Pero de noche, cuando el padre dormía, salía la hermosa mujer a recorrer el jardín. Porque en ese entonces, el cielo era un jardín. Y lo que ahora ustedes llaman “estrellas”, no eran sino flores; los planetas entonces eran árboles, y los cometas eran pajaritos que correteaban de un lado a otro… Mmh… bueno, pero ésa es otra historia y, además, no estoy seguro de que así vaya la leyenda.

Pero bueno, resulta que, en uno de esos paseos nocturnos, Coyote había mirado a Lucero, dijo “arrrrrroz con leche” y pensó para sí: “ora sí que se chingó la Roma ésa”.

Bueno, no así dijo porque de por sí no existían todavía ni el arroz con leche ni la Roma ésa, pero algo parecido debe haber pensado Coyote.

Coyote quiso hablarle de amores a la morrita, que diga, a la mujer ésa de la noche, pero no se podía porque muy lejos quedaba y ni modo de andar gritando cosas para las que, al fin al cabo, hay mejores formas de expresarse que las palabras, y casi siempre son en silencio. O bueno, de repente algún gemido, jadeos, bueno, también gritos, pero no se manden porque luego uno no puede dormir tranquilo. Ora que eso sí, esas otras formas requieren como quien dice de “cercanía”.

Pero bueno, ya me estoy yendo por otro lado. El caso es que Coyote era coyote pero no era tarugo, así que empezó a escribirle a su desvelo de amores y esas cosas.

Las palabras de Coyote terminaron por enamorar a Lucero, pero el amor entre ella y él era imposible, por la distancia, por los convencionalismos, por el qué dirán, por lo que ustedes quieran.

Lucero trató de bajar, pero no pudo. Así que tejió una larga trenza con su cabello y la tendió hacia el suelo.

Coyote empezó a trepar y, cuando iba a la mitad del camino, se despertó el padre celoso y, con sus rayos amarillos, cortó la trenza y Coyote fue a caer en el suelo.

Desde entonces, cuenta la leyenda, Coyote le aúlla a la luna. Para que ella no lo olvide, dicen. Para que ello le encuentre, cuentan

Estaba yo recordando esa leyenda, cuando, ayer ya tarde, cayó la noche, y con ella la policía, asediando la casa que nos hospeda. Agentes de diversas corporaciones policíacas se apostaron en los alrededores. Ellos no entraron, la noche sí. Y con ella de la mano, llegó ese instante poblado de luces y sombras que llamamos “la madrugada”.

Abril. Hermosillo. Sonora. Noroeste de México. Madrugada. Arriba la luna, abajo… la sombra.

Empezó entonces mi mano a trazar algunas imágenes sueltas de la cultura arriba y abajo.

Veamos entonces, escuchemos.

I.- UNA IMAGEN DE LA CULTURA ARRIBA.

Es hombre. Dice que gobierna gente y tierra. El poder que ostenta lo consiguió traficando drogas y vidas, es decir, traficando muerte. Como espejo usa una televisión cuando peina sus cabellos y ahora agrega fijador. Como ideas no tiene, ni cerebro, trata de fijar algunas frases.

Su secretario particular se desespera. Lleva horas tratando de que el amo y señor consiga hilar algunas palabras sin contradecirse.

¿Una entrevista? Ni pensarlo. A menos que sea “arreglada” y que sólo se tomen las fotos necesarias.

Y, bueno, algún remedo de cultura habrá que exhibir. Después de todo, la cultura es como el café instantáneo, es decir, es soluble, desechable y, además, no es café.

Así que qué mejor que inaugurar una exposición de arte. Ahí sólo hay que sonreír y poner cara de idiota. Ahora que, lo que sea de cada quien, el señor y amo se pinta solo para eso.

Con trabajos el secretario logra que el poderoso repita “Muy interesante” con un tono más o menos convincente.

Horas después, el secretario debe pagar generosamente a los periodistas que cubrieron el acto para que no publiquen que el-que-manda se pasó más de media hora repitiendo “Muy interesante”… pero mirando el letrero que, en la exclusiva sala de exposición, señala la ubicación de los baños.

II.- UN GRAFITTI DE LA CULTURA ABAJO.-

Órale mi buen, usted póngase las pilas y eche las aguas por si se aparecen los tirabuzones. ¿Ónde quedó el spray? Ése no, el negro. Bueno, entonces por turnos. Yo le grafiteo este lado y ya luego usted mero le raya por ése otro. ¿Qué? Pos de por sí a usted le toca el lado derecho mi buen. No, yo ni madres, yo el izquierdo. No chingue, ¿cómo vamos a hacer un graffiti con sólo el lado izquierdo? ¿Qué? No, si imaginación es lo único que tengo de sobra. A ver, mire usted, ahí está un cartel de los partidos políticos. Qué eso quede del lado derecho y arriba, y ya nosotros nos grafiteamos el lado izquierdo y abajo, digo, pa´ que se vea ora sí que la contradicción. O sea que los culeros del lado de allá, y los chidos del lado de acá. ¿Qué me apure? Pos usted es el que me hace que suelte el rollo. Ya casi está. Páseme el amarillo. ¡No trajo el amarillo! No le digo, si para puras vergüenzas no saca uno. Ora qué va a decir el respetable público, como quien dice la ciudadanía, cuando lo mire nuestro muro. A güevo, “nuestro”, porque el muro es de quien lo grafitea, ¿qué no?. ¿Y ora cómo le hacemos? Mmh… Péreme, toy pensando. A güevo, yo sí pienso, si no pensara estaría mirando la telera. Mmh… ¡ya sé! Hablando de sacar vergüenzas, hágase a un lado, que le voy a poner amarillo orgánico al graffiti. ¿Qué va apestar? Voooooy, si el graffiti es para verlo, no para olerlo. Nomás no se arrime, no lo vaya yo a salpicar. ¿Ahí vienen? ¡Pos píntele mi buen! ¡No, con el spray no! ¡Que le pinte pues, o sea que vámonos porque nos apaña la tira!

III.- UN MERCADO PARA LA CULTURA DE ARRIBA.

La gran máquina de destrucción y muerte llamada “Capitalismo” es relativamente joven en la historia humana, pero en poco tiempo ha destruido lo que a la naturaleza le tomó millones de años crear.

El Capitalismo tiene un modo para destruir y matar. Este “modo” consiste en que todo lo convierte en mercancía. No sólo lo que se produce en fábricas y campos. También lo que la naturaleza ha creado sin intervención humana. El aire, el agua, los códigos genéticos de plantas y animales, todo es avasallado por la máquina trituradora del capitalismo y convertido en una mercancía.

La Cultura también. Ese vago y escurridizo concepto es envasado, encuadernado, enlatado, clasificado, y, con el código de barras respectivo, distribuido de acuerdo a los criterios del mercado, es decir, de la ganancia rápida.

Allá arriba, quienes han convertido la cultura en una mercancía más, la han codificado de acuerdo a sus intereses. Así, “arte” es lo que se produce en galerías exclusivas, en los estudios y talleres; y “artesanía” es lo que se produce en las calles y en los pueblos. “Cultas” son las elites del Poder, e “incultas” las masas de trabajadores del campo y la ciudad.

Por esa extraña alquimia del dinero, se suele asociar riqueza con cultura, pero hay más de uno (o una, según el caso o cosa) que es tan rico y poderoso como idiota. El “somos diferentes porque somos ricos”, lleva a los poderosos a adquirir museos enteros. Si alguno (o alguna, según el caso o cosa) piensa que es porque estos ricos quieren aprender más o salvaguardar material artístico y cultural, se equivoca. Ya tiene rato que la cultura en general, y el arte en particular, es una mercancía. Cara, por cierto. Y poseer arte es poseer mercancías que suben de precio con el tiempo.

Como mercancía, la cultura es valorada según los criterios del mercado y siguiendo sus “modas”, es decir, sus campañas publicitarias.

Cierto que así se han hecho visibles algunas manifestaciones culturales. Pero también es cierto que es mucho más lo que ha quedado fuera por el “delito” no entrar en la lógica capitalista.

Uno de los ejemplos más palpables está en los Pueblos Indios. Todo lo que se les pueda arrebatar y llevar al mercado capitalista tiene valor. Lo que no, es decir, su pensamiento, su historia, su memoria, su existencia propia, no vale nada y, por tanto, debe ser destruido.

Acá, bajo estos cielos, está la Isla del Tiburón, territorio seri o Comcá ac. Donde los Comcá ac ven su corazón, su historia, su memoria, su vida y la de sus ancestros, el capitalista ve un terreno donde construir hoteles exclusivos.

Y los gobiernos, que deberían existir y trabajar para bien de los pueblos, quieren destruir a los Seris, a la Nación Comcá ac. Como no pueden arrebatarles la Isla del Tiburón, entonces pretenden quitarle sus guardianes a la Isla del Tiburón. Es decir, pretenden exterminar al pueblo Seri y, con él, a una de las culturas que son raíces no sólo de Sonora, también de México y de todo el Continente.

Por decencia, por honestidad, por humanidad, no podemos dejar solos a los Comcá ac.

IV.- UN PUENTE FEMENINO EN LA CULTURA DE ABAJO.

En la tierra del Tohono O´odham, por el lado de Sonoyta, en Sonora, Doña Rosario, la más mayor de las autoridades tradicionales, mira hacia abajo sabiendo que es ahí, en la tierra, donde el cielo escribe sus memorias.

Doña Rosario le habla y trasmite a Ofelia, su nieta y gobernadora O´odham, el dolor que le habla la tierra:

“Me envenenan”, dice la tierra, la madre, “matarme quieren ellos, los que arriba son porque la muerte siembran y cosechan riqueza”.

Ofelia levanta la mirada y el corazón hacia la montaña sagrada del O´odham. De un lado la hieren el verde grisáceo de la Border Patrol, la Migra asesina y déspota. De otro lado, el asqueroso gris de los gobiernos mexicanos que consienten que el territorio del creador de los colores, el Tohono O´odham, sea convertido en el basurero de los tóxicos que el gringo desecha.

“La tierra peligra y nos llama”, piensa Ofelia, “los mayores, los ancianos, los equilibradores de las fuerzas del mundo, se van más allá, y nuestras lengua y cultura se mueren con nuestra tierra”.

“Hay que resistir, hay que hacernos fuertes”, murmura Doña Rosario recargándose sobre el hombro de Ofelia.

Y, como respondiendo la pregunta que Ofelia no hace pero siente, agrega: “hay que hacernos fuertes con quienes son como nuestro corazón, aunque otros”.

Lejos de aquí, otra mujer, Doña Helena, con su luminosa fortaleza, mira al sol que en abril se hace tierna tibieza.

Tiene otro color en la piel y otra lengua habla en sus labios, pero, con su modo y con su tiempo, Doña Helena dice lo que dice Doña Rosario: “hay que resistir, hay que hacernos fuertes”. Y, recargándose en el hombro del sol, se hace grande para asomarse al abril que nos desvela. Y sonríe Doña Helena cuando agrega: “hay que hacernos fuertes con quienes son como nuestro corazón, aunque otros”.

Un mismo dolor y una misma fortaleza unen a estas dos mujeres. Tan distantes y distintas, y, sin embargo, tan cercanas y semejantes.

Como ellas, en esta larga cicatriz que se llama México y que ahora vuelve a sangrar, hay cientos, miles, millones, que levantan sus dolores y tragedias personales, y con ellas sus rebeldías.

“Quien se rebela a la muerte, a nada teme, porque nada pierde”, dice la Doña Juanita, una sabedora de las montañas del sureste mexicano, y tiende un abrazo como puente que alcanza a Doña Ofelia y a Doña Helena.

V.- ALGUNAS EXPLICACIONES EN LA CULTURA DE ABAJO.

Los KILIWAS: las primeras palabras.

Cuenta una leyenda Kiliwa, que las personas, animales y cosas que están en el mundo fueron hechas de sombras. Que, en el primer principio, cuando nada había todavía, el Creador proyectaba sombras con su cuerpo y sus manos, y entonces la sombra empezaba a existir, pero ya no como sombra. Y cuentan que en esos tiempos más primeros, se hablaban personas y animales, y las cosas, y todo el universo tenía el don de la palabra, porque todo venía de las sombras.

“Cuando no había nada, cuando todo aquí era oscuridad, no existían las plantas, no se veían las estrellas. Los animales no estaban, en el cielo los rayos no tronaban, el sol no calentaba, no había luna que marcara el paso del tiempo y de la vida”. Llegó entonces el creador, el no nacido, el no sabido, el principio: Coyote-Gente-Luna. En la oscuridad, aulló y dijo. “Yo soy Meltí ?ipá jalá (u), yo soy el padre, yo soy el de la casa redonda y cóncava, y vengo de donde todo es cóncavo y amarillo”.

En la oscuridad, Coyote-Gente-Luna fue su propia luz y se soñó como padre del mundo y de sus objetos, y soñó a los primeros cuatro hijos que poblarían la luz que se derramaba por el mundo oscuro. Porque temía enfermarse de soledad, Coyote-Gente-Luna decidió que sería bueno hacer las cosas y la gente, y decidió ser padre. Con buches de agua cristalina, Coyote-Gente-Luna marcó los 4 puntos cardinales. Fumando tabaco en su pipa, fue creando las cosas del universo. Primero creó el humo. Se quedó dormido Coyote-Gente-Luna, y el humo de su pipa creó todos los caminos y senderos de la tierra.

Despertó luego y se puso contento de lo que se había hecho. Quiso cantar pero no tenía compañía. Se quitó el escroto de sus partes y se hizo una su sonaja. Y cantando y fumando hizo el cielo y lo creó cóncavo en recuerdo de su casa amarilla y para que las cosas no se salieran. Para que no se fueran el aire, el agua, el color, la luz, fue hecho el cielo. Como el agua y los colores llenaban todo, Coyote-Gente-Luna pensó de hacer las montañas. Cuatro veces salió humo de su pipa y cuatro montañas fueron creadas. Creó después 4 borregos cimarrones y los puso en las 4 montañas con el encargo de detener el cielo con sus cornamentas.

Para que el borrego cimarrón no estuviera solo, Coyote-Gente-Luna de arcilla creó al venado, al pez, a la codorniz y al gato. Pero los animales peleaban mucho entre sí y Coyote-Gente-Luna los regañó mucho por su falta de compañerismo, y se puso a hacer más animales. Todos los animales de la tierra fueron creados en los hornos de Coyote-Gente-Luna. De arcilla, de la madre tierra fueron hechos todos. A todos les dio orden de respetarse porque su trabajo era sostener al mundo en las 4 montañas, y les dijo de llevarse bien, pero todos peleaban mucho entre ellos. Se puso muy bravo Coyote-Gente-Luna y dijo: “Como los animales que hice no servirán para compañía de los Borregos Cimarrones, ni del venado, ni del Pez, ni de la Codorniz, ni del Gato, entonces haré al ko-mei, al hombre”.

Cuatro hombres hizo Coyote-Gente-Luna, para cuidar y acompañar las cuatro montañas que sostienen el cielo. Estos cuatro hombres primero son los padres de los Kiliwa. Pero los 4 hombres peleaban también. Los regañó Coyote-Gente-Luna y les preguntó por qué hacían así y no le contestaron. Se puso triste Coyote-Gente-Luna porque no le respondían los hombres, y el topo le dijo que porque eran mudos. Entonces Coyote-Gente-Luna se dio cuenta de que no les había enseñado a hablar a los hombres.

Fue entonces a cada montaña y les enseñó a los hombres a hablar la lengua kiliwa.

En kiliwa fueron las primeras palabras y enseñanzas que nacieron en el mundo.

El Kiliwa es un pueblo indígena que tiene su territorio en Baja California. Está amenazado de extinción total y está tratando de organizarse para resistir y sobrevivir. Sólo quedan 4 familias en el mundo que hablan la lengua que, según la leyenda, fue la primera en el mundo.

Según nosotros, nosotras, las zapatistas, los zapatistas, es un deber de toda persona honesta el ayudar y apoyar a los Kiliwa en su lucha por existir.

Los Yaqui: las primeras fiestas.

Cuenta el más sabedor de los Yaquis que, hace mucho tiempo, México no era México, sino que se llamaba “Suré” porque lo habitaban los “surem”, los hijos de la madre-padre creador, Yomumuli, la hacedora de todos los pueblos indios en estas tierras.

Y cuenta también que en la tierra del Yaqui había una vara delgada gigantesca, que era muy recta, muy derechita ella, y llegaba hasta el cielo. Y esta vara hablaba, pero nadie entendía lo que decía. Sólo Yomumuli comprendía el lenguaje de la vara yaqui. Entonces, Yomumuli se convirtió en la traductor y les fue diciendo a sus hijos lo que la vara hablaba. Fue así como los hombres y mujeres aprendieron cómo vivir. Y también los animales, porque en aquel tiempo los animales tenían juicio, que sea entendimiento. Y fue así, de este entendimiento con los animales, que se pudieron hacer las músicas y las fiestas.

Y cuentan también que hace mucho tiempo, antes de que llegara el conquistador español a llenar de sangre y muerte estos suelos, la tierra del Yaqui estaba llena de encantos y prodigios. En ese entonces el Yaqui podía hablar con los animales, y las flores y los árboles tenían pensamiento y modos de gente. Los 8 pueblos de la tribu Yaqui hacían fiestas.

Las fiestas fueron hechas por Dios y el Diablo. Dios hizo todo para la fiesta, pero no tenían Pascola. El Diablo fue a ver por qué no empezaba la fiesta y le dijeron que porque no había Pascola. Entonces el Diablo ofreció a su hijo como Pascola, que era inválido pero le enseñaron a bailar. Y, como quien dice, lo reclutó el Dios, pero siempre el Pascola es malora y mucho bromea y no respeta.

Ésa fue la primera fiesta que hizo Dios y se la dio a los Yaquis, y son los únicos a quienes se las dio.

VI.- UNA PROFECÍA EN LA CULTURA DE ABAJO.

Cuenta otra leyenda yaqui que en el principio, cuando nada había que fuera escrito o contado, una gran vara recta hablaba profetizando lo que habría de pasar. De dolores habló la vara recta, el balayté que le decimos nosotros.

Habló de que vendría la conquista y muchos se huyeron, pero el Yaqui quedó para resistir.

Llegó la conquista y con ella muchos males y penas para los pueblos indios. Y el Yaqui resistió todo. Poco a poco su territorio ha sido mordido y despedazado por los ricos y los malos gobiernos, y el Yaqui resiste.

A la entrada del territorio Yaqui un cerro con forma de Boca Abierta parece gritar contra las injusticias y maldades que se hacen contra los pueblos indios de México y del continente.

Pero, desde hace unos días, otra palabra parece salir de la Boca Abierta de la tierra. Es como un llamado, como una invitación a quienes son el color que son de la tierra.

Y suenan ya los tambores y los cánticos del O´odham, el Nde-Apache, del Diné-Navajo, del Cucapá, el Kumiai y el Kiliwa. Fuerte se eleva la voz de las mujeres Comcá ac, y el Pima, el Raramuri y el Mayo Yoreme pintan colores de fiesta y lucha.

Una palabra pintan los tambores y cantos, una palabra cantan los colores.

“VICAM” murmuran, hablan, gritan. Y diciendo “VICAM” dicen “el lugar del encuentro”.

Hasta Alaska llega esa voz, hasta Tierra de Fuego se escucha.

“Es el tiempo, nuestro tiempo”, dice la voz del Yaqui, y en su voz hablamos y nos escuchamos todos los pueblos originarios del continente.

Vuelve a levantarse la vara parlante hasta lo alto del cielo, para que lejos llegue su palabra, para que la entiendan los que entenderla deben:

“Será en Vicam, en territorio de la tribu yaqui, en Sonora, en México, en América. Ahí la historia, nuestra historia, la de abajo, decidirá si merece otra oportunidad”

En las montañas del sureste mexicano, el tzotzil, el tzeltal, el tojolabal, el chol, el zoque, el mame, tienen palabras comunes que todos comparten: lucha, dignidad, resistencia, memoria.

Ahora otra palabra se suma al puente colectivo que somos.

“VICAM” es ya parte de nuestro vocabulario de lucha.

VII.- Sombra responde una pregunta.

Cuando duele la memoria, todo duele.

“¿Quién puede transformar tanta desesperanza en combustible para nuestro fuego, en alimento para nuestro paso?”.

A esa pregunta de Sombra, respondieron Los Vigilantes:

“Que vayan nuestro Jefes y Jefas, que vuelvan al camino que con otros caminaste. Que donde se llevó el oído, se lleve ahora la palabra. Que en la tierra del creador de los colores y los sonidos se reúnan con los otros que somos. Que lo hablen al Yaqui, que le digan de su dolor en nuestra memoria hace 100 años. Que acuerden con el Purépecha, el Nahua, el Rarámuri y el que de lejos viene, el lugar y el tiempo para hablarnos todos, para mirarnos en nuestra debilidad y en nuestra fuerza. Que el tiempo sea el espejo del inicio de nuestra pena, que el lugar sea donde el Bayalté Parlante ve al sol acostarse”.

Así dicen que dijeron Los Vigilantes.

Sombra vela el recuerdo de una piel, una cintura hecha memoria en sus manos. La madrugada cubre con silencios el irregular ruido de un teclado. Ya es de mañana cuando Sombra deja escapar una bocanada de humo de la hacedora de nubes y sueños que porta, mientras piensa como contestar una pregunta que de lejos viene: “¿Cuál es el destino de los pueblos indios?”

En eso llega la Comandanta Susana y, cuaderno y lapicero en mano, dice: “Ya estamos listos”.

“De por sí”, dice Sombra mientras mete a la mochila el papelito donde ha escrito la respuesta.

“Vicam, Sonora, México. Ése es el destino de los pueblos indios” dice el escrito que, en manos y mañana, luz pequeña se hace.

Mientras, en la tierra del Yaqui, la vara que habla vuelve a soltar un murmullo. No muy se entiende a la distancia, pero parece que repite, una y otra vez,:

“VICAM, VICAM, VICAM”.

Muchas gracias.

Desde las montañas del Noroeste Mexicano.

Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Abril del 2007.

P.D. CON LA OTRA RESPUESTA.- A la pregunta de “¿Es posible otra cultura?”, nosotras, nosotros, los zapatistas, las zapatistas, respondemos: “Con los jóvenes y jóvenas, con las mujeres, con los pueblos indios, sí, otra cultura es posible”.

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