Presentación en Sevilla del proyecto Luchas autónomas en el Estado español 1970-1977

Incluye un archivo digital, la edición de un libro y la producción de un documental

La sede de La Cartuja (Sevilla) de la Universidad Internacional de Andalucía,ha acogido la presentación pública en la ciudad de Luchas autónomas en el Estado español 1970-1977 , un proyecto de la Fundación Espai en Blanc que analiza y documenta con diferentes herramientas (un archivo-web, un libro y una película) las prácticas anticapitalistas de autoorganización y acción directa que se desplegaron en distintos puntos de España durante los años setenta. Hay que tener en cuenta que las acciones de este “otro movimiento obrero” (expresión acuñada por el sociólogo alemán Karl Heinz Roth) han sido totalmente ignoradas por la historia oficial de la transición postfranquista que suele presentarse como un proceso de transición política modélico.

El proyecto Luchas autónomas en el Estado español 1970-1977, que cuenta con la colaboración de Arteleku y UNIA arteypensamiento, quiere hacer una lectura “desde hoy” de la historia de este otro movimiento obrero. Un movimiento anticapitalista y asambleario que inventó formas de resistencia que huían de la lógica de la representación y apostaban por una democracia directa. Su objetivo, por tanto, no es poner en marcha una operación de recuperación de la memoria histórica (con la que en muchas ocasiones se intenta legitimar la estructura de poder vigente), sino propiciar una “intervención política sobre la memoria”, investigando cómo se puede conectar lo que entonces ocurrió con nuestra realidad, cómo se pueden ligar esas luchas con las luchas de hoy en día.

Es decir, este proyecto quiere mirar el pasado para repensar el presente (no para apuntalarlo y cerrarlo), para entender porqué estamos dónde estamos y vivimos como vivimos. Concibe las luchas autónomas de esa época no como un modelo a imitar (algo que no tendría sentido, pues el contexto ha cambiado y las respuestas, necesariamente, deben ser distintas), sino como fuente de inspiración e interrogación que puede ayudarnos a encontrar formas de politización y resistencia que se adapten a los desafíos y exigencias del presente (un presente marcado por un proceso de precarización general de la vida).

En el Estado español, fue durante los últimos años del franquismo y los primeros de la transición cuando este otro movimiento obrero1 estuvo más activo, logrando hacerse oír en numerosos conflictos. De hecho, con frecuencia los partidos y sindicatos de izquierda quisieron instrumentalizar sus luchas más “exitosas”, como la huelga de los trabajadores de la fábrica Roca de la localidad barcelonesa de Gavà.

En la presentación del proyecto Luchas autónomas en el Estado español 1970-1977 en la sede de La Cartuja de la Universidad Internacional de Andalucía, Santiago López Petit aseguró que estas luchas autónomas eran profundamente anticapitalistas, pues aunque se basaban en reivindicaciones laborales de orden coyuntural (y no en objetivos políticos o abstracciones ideológicas de contenido anticapitalista explícito), apuntaban más allá de la democracia representativa y se rebelaban contra la lógica del pacto social que impuso la transición postfranquista. Lógica que, a juicio de López Petit, utilizó el Capital para poner la lucha obrera a su servicio, desactivando su potencial transformador. “No hay que olvidar”, precisó, “que las luchas autónomas creaban un contrapoder que comportaba una nueva legalidad, subvirtiendo el marco político-jurídico establecido”.

Santiago López Petit piensa que las luchas autónomas tienen tres características fundamentales: una interpretación de la historia articulada en torno a la noción de interrupción (la revolución se concibe como una ruptura del continuum histórico que posibilita la emergencia de experiencias colectivas de autoorganización); una visión transversal y existencial de lo político, que no entienden como algo aislado, como una actividad reservada a una élite de expertos y circunscrita a unos espacios y a unos tiempos predeterminados (por el contrario, consideran que todo y durante todo el tiempo es politizable); y una búsqueda de un modelo organizativo que prescinda de cualquier atisbo de orden jerárquico y no delegue en una vanguardia la dirección política de la lucha.

Pero, ¿qué puede aportar la experiencia de la autonomía obrera a los ciudadanos contemporáneos? No cabe duda de que nuestra situación es muy diferente a la que había cuando se desplegaron estas luchas. Como apuntaba el propio López Petit en el encuentro Semillas y gérmenes (englobado dentro del proyecto Mayo del 68: el comienzo de una época ) “hoy vivimos en un mundo postpolítico en el que la acción política transformadora es imposible”. En esta sociedad despolitizada “que moviliza la vida en lugar de reprimirla y hace de cada uno de nosotros empresario de sí mismo”, no tiene sentido pensar en la clase obrera como un sujeto político colectivo.

Sin horizonte general de emancipación (sin esperanza en un proceso revolucionario que conduzca a una sociedad sin clases), señaló López Petit, “nos sentimos doblemente perdidos: perdidos porque sabemos que hemos sido derrotados en nuestra batalla contra el Capital; y perdidos porque carecemos de referentes que puedan orientar nuestra acción política”. A juicio del autor de Horror Vacui. La travesía de la Noche del siglo, asumir la derrota del movimiento obrero en general y de las luchas autónomas en particular, es necesario porque nos ayuda a comprender mejor nuestra propia situación y “es el primer paso para salir de la impotencia”. “Pero es tan obvio que hemos perdido”, advirtió, “que no hace falta insistir. Es mejor decir lo que no es obvio. Y hoy lo que no es obvio es decir que se puede seguir luchando”.

Hay quien piensa que la desarticulación de la clase obrera como sujeto político colectivo es fruto de una profunda transformación de la relación entre capital y producción que ha puesto en crisis la noción tradicional de trabajo y la identidad histórica del proletariado; pero que esa identidad se puede recomponer en torno a la noción de trabajo inmaterial o vivo, lo que permitiría la emergencia de un nuevo sujeto político colectivo (más complejo y abierto, pues no sólo estaría ligado al ámbito laboral) y de un nuevo horizonte emancipatorio. Sin embargo, López Petit considera que en nuestro mundo postpolítico -“en el que nada es político pero todo es politizable y en el que toda politización es apolítica”- es la misma noción de “sujeto político” la que se desmorona, la que ha dejado de tener sentido.

Por ello cree que para actualizar la autonomía (para adecuarla a las exigencias y los desafíos del presente), ésta tiene que pensarse como una práctica sin sujeto, anónima, espontánea, imprevisible, difusa, desesperada…, como una práctica que no está ligada a un sentido (a un proyecto de futuro, a un programa ideológico cerrado) sino a una verdad (“la verdad del querer vivir”) y ante la que la política clásica no sabe qué hacer (pues no es acumulable ni se puede dirigir). El contenido de esta práctica autónoma sin sujeto -que no pertenece a nadie y que, por tanto, está a disposición de todos los que quieran luchar- es el malestar social. Un malestar que, según López Petit, se expresa de múltiples formas y que ya no nace de un sentimiento de alienación sino de una dinámica de movilización permanente que convierte a los ciudadanos en meros consumidores, llena el vacío (nuestro vacío existencial) con todo tipo de objetos y provoca una precarización general de la vida. La actualización de la autonomía hoy, por tanto, pasa por la politización del malestar social (“por territorializar ese malestar social”), cuestionando el sentido de una existencia de la que no somos dueños.

El proyecto Luchas autónomas en el Estado español 1970-1977 se ha concebido como un “dispositivo complejo de agitación” que consta de tres pilares fundamentales: una página web/archivo digital, el libro Luchas autónomas en los años setenta. Del antagonismo obrero al malestar social y la película documental Autonomía obrera.

La web recoge una selección de documentos de la época (carteles, folletos -muchos de ellos realizados a mano- informes sobre huelgas o luchas barriales, boletines, revistas…) que están vinculados a la autonomía obrera. La mayoría de los documentos que se han digitalizado se encuentran depositados en el Instituto Internacional de Historia Social de Ámsterdam, dentro del fondo de la Editorial Ruedo Ibérico, desde finales de los años setenta; otros han sido donados por antiguos trabajadores y militantes. Por el momento, el archivo se circunscribe al ámbito geográfico de Cataluña (aunque la intención es ampliarlo al resto del Estado español) y contiene en torno a un centenar de documentos, “una cifra que se duplicará en las próximas semanas”, aseguró Albert Alonso en la presentación del proyecto en la sede de La Cartuja de la Universidad Internacional de Andalucía.

Los documentos que se han digitalizado se ofrecen en dos formatos: “PDF” y “TXT”. El primero “representa” el documento (es como una especie de fotografía del mismo), lo que nos permite verlo tal y como fue diseñado (con sus títulos, destacados, imágenes, tablas…), mostrando también las huellas de su uso (tachaduras, anotaciones…) y/o de su deterioro (no hay que olvidar que la mayoría de estos documentos se hicieron con pocos medios y de forma clandestina, lo que ha dificultado su conservación). El formato TXT sólo contiene el texto del documento, facilitando la lectura del mismo (se puede aumentar el tamaño de letra, modificar la fuente…) y también la utilización parcial o total de su contenido. “Este formato”, señaló Albert Alonso, “es especialmente útil para aquellos documentos que se encuentran en peor estado de conservación y que en su versión en PDF resultan casi ilegibles”.

Los archivos están agrupados en tres grandes bloques: Experiencias, que incluye documentos generados por los propios trabajadores (hasta la fecha, son documentos de trabajadores de tres fábricas catalanas: Blansol, Harry Walker y Philips). Organizaciones, donde se aloja material producido en torno a la autonomía obrera por organizaciones como CC.OO (Comisiones Obreras), GOA (Grupos Obreros Autónomos), Liberación u Organización de Clase Autónoma de Vizcaya. Y Publicaciones, que ofrece varios números de las revistas Lucha y Teoría y Teoría y práctica.

Para ayudar a los usuarios a hacer búsquedas más precisas, a cada documento se le ha asignado una serie de tags o palabras claves como “anticapitalismo”, “asamblea”, “boicot”, “comité”, “emancipación”, “huelga”, “octavilla”, “sindicato” o “solidaridad”. La web también incluye enlaces directos a otros archivos digitales relacionados con la autonomía obrera, como el Centre de documentació antiautoritari i llibertari-CEDALL, el Centre de documentació Laciutatinvisible o el archivo web del Movimiento Ibérico de Liberación-Grupos Autónomos de Combate/MIL-GAC, así como a dos e-books que están alojados en la citada web del CEDALL: Crítica de la izquierda autoritaria en Cataluña. 1967-1974 y Luchas autónomas en la transición democrática.

Editado por Traficantes de sueños, el libro Luchas autónomas en los años setenta. Del antagonismo obrero al malestar social analiza distintas y muy diversas manifestaciones de la autonomía obrera en la España de los últimos años del franquismo y los primeros de la Transición. Desde huelgas en las que los trabajadores desplegaron prácticas anticapitalistas de autoorganización y acción directa (como la que paralizó el sector de la construcción de Granada en 1970 o la que protagonizaron los empleados de la fábrica de Roca de Gavà, Barcelona, entre noviembre de 1976 y febrero de 1977), hasta las desesperadas protestas que llevaron a cabo colectivos de presos “comunes” tras la aprobación por parte de Adolfo Suárez de un Real Decreto Ley que abría las puertas a los “encarcelados por motivos políticos no implicados en delitos de sangre”, pasando por algunas propuestas y experiencias contraculturales (la comuna de Gerra-aundi, en Azpeitia, Guipúzcoa, el cómic underground que se gestó en torno a laboratorios de creación colectiva como El Rrollo o Cascorro Factory, las performances transgenéricas e irreverentes de Ocaña, revistas de inspiración libertaria como Star, Bicicleta o Ajoblanco…).

En la segunda parte del libro se reflexiona sobre cuál es el sentido de la autonomía y de las luchas autónomas en la actualidad, cuando es “obvio” que el movimiento obrero ha sido derrotado (la clase trabajadora como sujeto político colectivo ya no existe) y que, como advierte Santiago López Petit en el prólogo del libro, “la realidad y el capitalismo son una y la misma cosa. Lo que es igual que decir que nada escapa al Capital, porque habiendo ganado a sus enemigos, el Capital se ha desbocado”. Para profundizar en estas y otras cuestiones se incluyen entrevistas a Daniel Blanchard (escritor, poeta y traductor que estuvo vinculado al colectivo revolucionario Socialismo o Barbarie) y a tres militantes del Sindicato de Obreros del Campo (una organización que, nacida en el contexto de las luchas anticapitalistas de los sesenta, sigue “viva y combativa”), así como artículos de dos colectivos latinoamericanos -Colectivo Situaciones (Argentina) y Colectivo La Guillotina (México)- relacionados con distintas experiencias de luchas autónomas que se han gestado en los últimos años en sus países. El libro se completa con una recopilación de anuncios publicitarios y textos periodísticos que reflejan cómo el Capital se ha apropiado de la noción de autonomía (y de otros enunciados revolucionarios) y con el resumen de un debate sobre el sentido de las prácticas autónomas en la actualidad que se celebró el 25 de octubre de 2007 en un local del colectivo “la Oficina” de Barcelona.

El tercer pilar del proyecto es el documental Autonomía obrera realizado por el equipo técnico formado por Chema Falconetti (colaborador de Joaquín Jordà y autor, entre otros, del vídeo El forat de la vergonya), Pepe Rovira (protagonista de la película El taxista ful) y Óscar de Gispert. El documental da voz a algunos de los protagonistas de las luchas autónomas de los años setenta, como Clemente (obrero de la fábrica de Roca de Gavà), Marcelo (fundador de las primeras Comisiones Obreras), Paco (trabajador del puerto de Barcelona) y Jesús (que vivió en primera persona los Sucesos de Vitoria). A través de estas voces se pretende reflejar la fuerza colectiva que había tras estas luchas que, más allá de su oposición al franquismo, planteaban una crítica radical al capitalismo (pues apostaban por la autoorganización y la democracia directa, poniendo en primer plano el valor de la igualdad, de lo colectivo). “Éramos antifranquistas”, asegura uno de los entrevistados en el documental, “porque en España, la dictadura franquista era el régimen que tenía entonces el capitalismo”.

Según Pepe Rovira, el objetivo del documental (y, en general, del proyecto Luchas autónomas en el Estado español 1970-1977) no es sólo rescatar del olvido unas luchas que han sido ignoradas por la historia oficial de la transición, sino también intentar que ese análisis de nuestro pasado nos ayude a comprender el presente y a encontrar nuevas formas de resistencia. “La situación actual”, señaló Rovira, “es distinta pero no mejor que la que había en aquella época”. La diferencia es que hoy carecemos de un horizonte de transformación social y sabemos que poco o nada podemos hacer, que lo que es políticamente factible no cambiará nada y que lo que podría propiciar una transformación real es inviable. Pero a su juicio, ese pesimismo no nos impide ver (quizás todo lo contrario: nos permite ver de forma mucho más clara) que la situación es crítica y que hay que seguir luchando para intentar frenar (o, al menos, para denunciar) la expansión irresponsable del capitalismo, su desbocamiento, su suicida huida hacia adelante.

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1.- Según los responsables del proyecto, la emergencia de este otro movimiento obrero se enmarca en un ciclo de luchas que se desarrolló durante los años sesenta y setenta del siglo pasado en países como Francia (Mayo del 68) o Italia (donde entre 1968 y 1977 hubo, parafraseando el título de un seminario organizado por la editorial Traficantes de sueño, una “gran oleada revolucionaria, creativa y existencial”). Existen numerosos estudios sobre la historia de las distintas manifestaciones del otro movimiento obrero en estos dos países. Una historia que, sin embargo, en el caso español apenas se ha analizado

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