Las declaraciones de Rouco son casus belli

No nos interesa demasiado si Antonio María Rouco Varela es un cínico, un sinvergüenza, un demente senil o todo al mismo tiempo, pero alguien tendría que dar explicaciones sobre las últimas declaraciones del Presidente de la Conferencia Episcopal Española y cardenal arzobispo de Madrid.

El lunes 24 de noviembre Rouco afirmó el en el discurso inaugural de la XCII Asamblea Plenaria de la CEE que “a veces es necesario olvidar”, en referencia al desarrollo de la Ley de la Memoria Histórica, muy criticada por las sotanas españolas. Por el contrario, las actividades de recuperación de la memoria de la Guerra Civil, y en especial la exhumación de fosas con decenas de miles de asesinados, le parecen a Rouco que suponen “el peligro de un deterioro de la convivencia”, añadiendo que “a los jóvenes hay que liberarlos, en cuanto sea posible, de los lastres del pasado, no cargándolos con viejas rencillas y rencores, sino ayudándoles a fortalecer la voluntad de concordia y de amistad”.

Lo increíble es que, mientras los obispos llaman al olvido, hace ahora justo un año la iglesia católica beatificó a 498 mártires “que dieron la vida por Cristo durante la persecución religiosa de los años treinta del siglo XX en España” (léase guerra civil o “cruzada”) y prepara una lista de otros quinientos. Sin embargo para Rouco, el que miles de ciudadanos busquen a sus familiares asesinados por los fascistas y enterrados como animales en fosas comunes o en las cunetas de España “deteriora la convivencia”.

¿Acaso la postura de Rouco es la oficial de la iglesia católica? Por una vez (aunque no muy satisfactoriamente) en España se deja de esconder la mierda bajo de la alfombra, pero a algunas personas la  la verdad le ofende y a otras muchas a los preocupa bastante los caminos que está tomado esta iglesia. Las declaraciones de otros miembros de la jerarquía parecen confirmarlo. El cardenal arzobispo de Sevilla, Carlos Amigo, aseguró el 25 de noviembre que eliminar de las escuelas públicas el crucifijo, “que es un signo de nuestra cultura tan arraigado, no favorece ni mucho menos la convivencia de las personas”. Fue su reacción a la sentencia del Juzgado de lo Contencioso Administrativo número 2 de Valladolid que ordena retirar esos símbolos religiosos del colegio público Macías Picavea de la capital castellano-leonesa.

La sentencia sostiene que la presencia de símbolos religiosos en la escuela vulnera los derechos fundamentales de igualdad, libertad religiosa y aconfesionalidad del Estado recogidos en la Constitución. El cardenal Amigo no comparte esta decisión ni se resigna a perder privilegio alguno, toda vez que, estimó, “la convivencia se construye con el respeto a las personas, no solamente tirando por la borda la riqueza cultural de un país”. Y ello siendo arzobispo en una ciudad donde, por cierto, se ha movilizado toda la ultraderecha para impedir la construcción de una mezquita mientras él pasa el cepillo. Hablando de riqueza cultural y “convivencia”, recordamos todavía el episodio de diciembre de 2006 cuando el presidente de la Junta Islámica, Mansur Escuredo, solicitó que los musulmanes también pudiesen orar en la Mezquita de Córdoba. Entonces el obispo de la diócesis, Juan José Asenjo, rechazó esta posibilidad por considerar que el uso compartido del templo “no contribuiría a la convivencia pacífica de los diferentes credos”. Muy serio daño social, y muy serio daño a sí misma se hace una institución que defiende sus convicciones de manera tan indigna y extemporánea.

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