La conversión de Antonio Gramsci

La vida y las obras grandes figuras de la cultura europea son objeto de constantes relecturas. El caso de Antonio Gramsci es especialmente relevante porque casi siempre ha mantenido una doble condición: no sólo es una de las referencias fundamentales de la historia del pensamiento marxista, sino también una de las figuras más prominentes de la cultura italiana moderna y un símbolo del antifascismo que está a la base de la mejor teoría política y de los fundamentos mismos del Estado italiano desde la II Guerra Mundial.

Antonio Gramsci

Antonio Gramsci

Aparece ahora la noticia difundida por un cardenal retirado octogenario, Luigi De Magistris, de que Gramsci se convirtió al catolicismo mientras agonizaba en la clínica Quisuisana tras veinte años de penalidades en una cárcel fascista. Y no sólo eso. Según De Magistris, a Gramsci “le llevaron las monjas una estampita del niño jesús y la besó.” La afirmación se basa en el testimonio de una de esas monjas, algo que ya afirmó el jesuita Giuseppe della Vedova en el lejano 1977, en un artículo en la revista Studi Sociali. De Magistris vuelve a sacar a colación el argumento en la presentación del nuevo catálogo de santos en Radio Vaticana el 24 de noviembre.

La afirmación es difícil contrastarla, con la monja yamuerta, pero no puede dejar de parecer extraño que el pensador que ha realizado posiblemente la crítica más exacta y profunda del estatus político y social de la religión y sus instituciones no sólo se convirtiese al catolicismo, sino a demás al catolicismo de las estampitas para viejas conventeras. El hecho, para De Magistris, es naturalmente censurado por “el mundo de la hoz y el martillo”; pero la reacción de los expertos, y de los expertos marxistas, no ha sido precisamente la de la censura, sino la de una explicación muy completa y sistemática de la información disponible y contrastable. De ello parece que más bien resulta lo contrario y lo más previsible –también desde la más elemental metodología historiográfica-, esto es: que antonio Gramsci no era precisamente un capillita santurrón. El historiador y filólogo Luciano Canfora, del cual está a punto de salir el libro La Storia Falsa sobre los años de prisión de Gramsci, piensa que se trata de un intento obsceno por parte de la iglesia de apropiarse de la herencia intelectual del filósofo, una maniobra indigna que no se sustenta en documentos históricos. De todos modos Canfora e lo ha tomado a broma, y ha afirmado que también podría darse la controversia sobre si, a la hora de su muerte, Pericles el ateniense del siglo V a.c. se convirtió al confucianismo. Algo parecido afirma otro historiador, Aurelio Lepre, que es autor de la biografía de Gramsci Il Prigioniero. Lepre ha recordado una carta de Gramsci a su cuñada Tania Schucht de 1933 en la que le pedía que, en caso de muerte, no le diesen la extremaunción porque filosóficamente le repugnaba.

Entre los que apoyan las tesis de De Magistris sobre la conversión de Gramsci está el ex-presidente de la República y político democristiano Francesco Cossiga, que no aporta dato alguno, pero dice que, si lo afirma De Magistris, es que es verdad: “si hay alguien que sabe de la conversión de Gramsci y de su muerte en el seno de la iglesia católica, ese es monseñor De Magistris”.

Cossiga es la prueba de que, si a la comunidad católica le dicen rebaño, será por algo. Y especialmente en Italia las invenciones y los rumores se convierten en artículo de fe a poco que se divulguen. Por eso la explicación más completa la ha debido dar el filósofo Giuseppe Vacca en su calidad de presidente del Instituto Gramsci de Roma, no sin gestos de impaciencia por la superficialidad con la que se está tratando el asunto. Vacca reitera que en la documentación catalogada que se posee no existe prueba alguna de tal conversión:

«Hay algunas cartas de Tania a Sraffa que describen detalladamente ls últimos días de la enfermedad y la muerte de Gramsci en las cuales no encontramos nada de esto. Tampoco en una carta de su hermano Carlo a Togliatti, en la cual sí se habla del deseo de Gramsci de ser incinerado. Esto encontró obstáculos en principio porque Gramsci no era creyente y porque el régimen fascista temía manifestaciones en la calle, siendo el día antes del primero de mayo. Los documentos policiales tampoco mencionan su acercamiento a la fe. Además hay algunas cartas inéditas todavía en las que Tatiana escribe a los familiares sobre los últimos días de Gramsci. Son confidencias estrictamente familiares en las que debería de haber alguna referencia a este asunto.” De todos modos Vacca afirma que “no sabe qué hizo Gramsci en el momento de su muerte”; pero que la supuesta conversión no cambiaría nada y que, si existiese, “no encontraría en ello nada de escandaloso”.

Por su parte el secretario general de Rifondazione Comunista Paolo Ferrero piensa que “[Las de De Magistris] son declaraciones ridículas no verificables sobre conversiones de hace setenta años con el objeto de demostrar el derrumbamiento de un mito. Dentro de poco tiempo nos explicarán que Gramsci era liberal, porque es evidente que los comunistas pueden ser sólo asesinos o arrepentidos”.

Descargar aquí observaciones-sobre-el-folclore de Gramsci, donde se hace referencia al problema de la religión. Texto tomado de Juan José Gómez (ed.), Crítica, tendencia y propaganda. Textos sobre arte y comunismo, 1917-1954. Traducción de JJ. Gómez

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: