En memoria de Bob Doyle

“Tomen la lucha y únanse en la larga batalla por la más noble de las causas: la liberación de la humanidad. Entonces, el sacrificio de mis camaradas no habrá sido en vano; habrá sido una fuente de aliento. LA LUCHA CONTINÚA.” Bob Doyle (16-02-2007)

Bob Doyle
Bob Doyle

Bob Doyle ha muerto en Londres el pasado 22 de enero a la edad de 92 años. Bob, sindicalista, militante comunista y escritor, era el útimo superviviente de la Columna Connolly, la unidad irlandesa integrada en el Batallón Lincoln de las Brigadas Internacionales. La familia convoca a un homenaje en Dublin el próximo sábado 14 de febrero a las 12 del mediodía, Gardens of Remembrance, Parnell Sq. Posteriormente habrá un acto de recuerdo a los 60 brigadistas irlandeses caídos en España en el Liberty Hall.

En memoria de Doyle reproducimos el discurso que pronunció en el Jarama el 16 de febrero de 2007. Son palabras que, por su extraordinaria honradez y sabiduría, nos inspiran hoy a todos. Go raibh maith agat ! (muchas gracias), Bob.

¿Sacrificaron en vano sus vidas mis camaradas?

Bob Doyle. Hola a todos: Estoy aquí de pie, en el campo de batalla de Jarama, y recuerdo con dolor a los camaradas que sacrificaron sus vidas. Pienso especialmente en los compañeros irlandeses: Charlie Donnelly y Kit Conway, personas bondadosas que vinieron a España, como yo, para combatir el fascismo. Sí, vinimos a luchar, pero también compartíamos un ideal, una visión del futuro. Veíamos al fascismo como la expresión más cruel del capitalismo y por ello luchamos por un mundo diferente; un mundo donde todos pudiéramos vivir en paz, en hermandad y en armonía con el medio ambiente.

Al mirar al mundo actual, sin caer en la sentimentalidad, debo hacer la siguiente pregunta: “¿Mis camaradas sacrificaron en vano sus vidas?” Algunos dicen: “Sí, perdimos la guerra en España, pero el fascismo fue finalmente derrotado. Ahora tenemos democracia en España e, incluso, un gobierno socialista”. Bien, todo eso puede ser cierto, pero ¿y el ideal por el que vivieron y murieron mis camaradas? ¿Acaso podemos afirmar que ese ideal ha triunfado en España cuando en las últimas elecciones cerca de la mitad del electorado votó por un partido que está volviendo a sus raíces fascistas?

Todo el mundo ha podido contemplar los asesinatos en masa cometidos en Latinoamérica y Vietnam así como los genocidios o limpieza étnica que se están cometiendo en Sudán y en Palestina. Vemos un imperialismo brutal en Iraq y Afganistán, aumenta la producción y venta de poderosos armamentos, el uso de armas químicas y la militarización del espacio. Vemos ataques descarados a los derechos y libertades civiles y la introducción, cada día más alarmante, de tecnologías para la vigilancia y control de las personas por parte del Estado. La justicia ha quedado enlodada con el secuestro de sospechosos sin sentencia judicial para ser torturados… y todo ello en nombre de la democracia. Puede que Hitler y Franco estén muertos, pero ¿podemos afirmar que el fascismo ha sido derrotado? En lugar de uniformes ahora llevan trajes. En lugar de siniestros símbolos y saludos, utilizan las compañías de relaciones públicas. En lugar de desenfrenados discursos racistas y chauvinistas, ahora utilizan el lenguaje del Cristianismo y la Democracia. Pero no podemos caer en sus trampas. Los fascistas están vivos y gozan de buena salud; siguen presentes en las instituciones de poder. Por tanto, vuelvo a hacer la pregunta: “¿Mis camaradas sacrificaron sus vidas en vano?” Hoy estamos a punto de sufrir una terrible catástrofe medioambiental. El capitalismo no tiene medios para resolverla porque es el propio capitalismo quien la ha causado. Hace pocos días, algunos importantes hombres de negocios del mundo emitieron una declaración urgiendo a George Bush a tomarse en serio el calentamiento global. Esos hombres de negocios no son estúpidos y ven el futuro que se nos echa encima. Pero piensan que con algunos simples retoques podrán conservar su poder y riqueza.

Brigadistas de la Columna Connolly
Brigadistas de la Columna Connolly

En 1905 un obrero irlandés mostró en un libro la naturaleza del capitalismo con una parábola parecida a las de Cristo: “Si un día nos damos cuenta de que es posible envasar el aire, los capitalistas lo harán. El aire se convertirá en una mercancía básica y será comprado y vendido. Entonces aparecerán los aire-millonarios, quienes tendrán grandes almacenes con botellas de aire, más del que podrían necesitar y con el cual podrían respirar en muchas vidas… Al mismo tiempo, existirán personas -hombres, mujeres y niños- muriendo en las calles por falta de aire”. Este era el futuro del capitalismo que Robert Tressal preveía en 1905. ¿No se parece al que vemos hoy en día? Personas que mueren por falta de agua potable, de alimentos y medicinas y ven el medio ambiente destruido por el saqueo de sus recursos naturales… mientras otras viven en medio de un lujo extravagante. La visión de un mundo en donde todos podamos vivir juntos en hermandad, y en armonía con el medio ambiente, parece cada vez más lejana. Y, por tanto, me vuelvo a preguntar: “¿Sacrificaron en vano sus vidas mis camaradas?” Si Uds., las generaciones de ahora, no hacen nada, el fascismo triunfará y la humanidad tendrá que afrontar una terrible catástrofe. En ese caso, tendré que responder a la pregunta que vengo haciendo: “Sí, mis camaradas murieron en vano”. De Uds. depende la decisión de luchar por un mundo diferente. Pero nunca olviden que están luchando por un ideal. Si bien algunas veces nos vimos obligados a defendernos con las armas, éstas nunca pueden ni deben imponerse a las ideas. Las armas de la victoria son la educación, la organización y la desobediencia civil.

Lo que puedo decirles hoy a Uds., desde mi experiencia de una vida de lucha, es la importancia de la unidad. La unidad de todos los que rechazan el fascismo y comparten el deseo de un mundo mejor es un elemento esencial para el triunfo, sean cristianos o marxistas, liberales o anarquistas, reformistas o revolucionarios. Ésta es la versión actual del viejo Frente Popular. Si tenemos que movernos a un ritmo lento, seamos pacientes y movámonos, aunque sea despacio. Pero siempre unidos y hacia adelante. Y si tenemos en cuenta todo esto, cuando vuelva a preguntar: “¿Sacrificaron en vano sus vidas mis camaradas?” La respuesta dependerá de Uds. Tomen la lucha y únanse en la larga batalla por la más noble de las causas: la liberación de la humanidad. Entonces, el sacrificio de mis camaradas no habrá sido en vano; habrá sido una fuente de aliento.

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