Los lapsus de la memoria histórica. Las víctimas del 3 de marzo de 1976 denuncian los obstáculos y trampas de las leyes españolas y vascas de memoria histórica

Los familiares de los trabajadores muertos por disparos de la Policía en las movilizaciones obreras de Vitoria el 3 de marzo de 1976 y los heridos por aquella intervención denunciaron ayer la trampa de las leyes de Memoria Histórica del Gobierno español y de la de Solidaridad con Víctimas del Terrorismo de Álava, que siguen excluyéndoles.

El portavoz de la asociación, Andoni Txasko, explicó que la Ley de Memoria Histórica “que nos negaba el derecho a la verdad y a la justicia” es en realidad una ley de punto final que permite la más completa impunidad de los responsables de los sucesos de 1976. Pero además, criticaron que incluso para el resarcimiento económico, “el aspecto menos fundamental”, se plantean trabas, ya que sólo se tienen en cuenta incapacidades en grado de gran o absoluta invalidez consecuencia de la actuación policial. Además, exige demostrar la dependencia económica de la persona fallecida, cuando los muertos tenían 17 o 19 años de edad. En las Juntas Generales de Álava, que se comprometieron a conceder las ayudas que no ofreciera Madrid, se han encontrado con los mismos tecnicismos que obstaculizan la reparación económica. Lo mismo ha sucedido en con la Ley de Solidaridad y Reconocimiento de Víctimas del Terrorismo, de la que se han visto excluidos, pese a que el Parlamento vasco reconoció su condición de “víctimas del terrorismo”.

“Hay falta de voluntad de incluir a todas las personas afectadas. Hay víctimas de primera, de segunda, de tercera y a otras ni se nos contempla”, denunció Txasko.

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Juicio pendiente

Por otro lado, recordaron que siguen pendientes de juicio tres miembros de la asociación por las acusaciones que realizó el Departamento de Interior de Álava tras detenerlos en la manifestación de hace tres años. Las víctimas exigieron al Ejecutivo que “se retiren esas acusaciones falsas y el juicio no se celebre”, exigencia que extendieron por su responsabilidad al lehendakari, “Juan José Ibarretxe”.
Los sucesos del tres de marzo de 1976 en Vitoria forman parte de uno de los capítulos más negros de la historia del movimiento obrero español, tanto por la dimensión de la tragedia como por la opacidad del Estado a la hora de resarcir a las víctimas y depurar responsabilidades. Durante el mes de enero de 1976 unos seis mil trabajadores iniciaban una huelga en contra del decreto de topes salariales y en defensa de mejores condiciones de trabajo. Dos meses después convocaban por tercera vez una huelga general que fue masivamente seguida el día 3 de marzo. Ese mismo día la policía armada entró en la Iglesia San Francisco de Vitoria, en la que estaba previsto realizar una asamblea de trabajadores y, haciendo caso omiso de la decisión del párroco y del contenido del Concordato, conminó al desalojo. Apenas unos segundos después disparaban gases lacrimógenos en un recinto cerrado y abarrotado, causando el pánico entre los huelguistas. Los que salieron por delante medio asfixiados y con pañuelos en la boca fueron apaleados por los flancos y a los del frente les dispararon con metralletas y pistolas.

Como consecuencia fueron asesinados por la policía los trabajadores Pedro María Martínez Ocio,  siderúrgico de Forjas Alavesas, de 27 años, Francisco Aznar Clemente, operario de panaderías y estudiante, de 17 años, Romualdo Barroso Chaparro, de Agrator, de 19 años, José Castillo, de Basa, una sociedad del Grupo Arregui, de 32 años. Dos meses después moriría Bienvenido Pereda, trabajador de Grupos Diferenciales, con 30 años. Dos obreros asesinados directamente en el lugar de los hechos, cuatro heridos muy graves de los cuales tres morirían, más de sesenta heridos graves, la mitad con heridas de bala, y cientos de heridos leves.

El sábado, Manuel Fraga Iribarne, de la actual dirección del PP y por  entonces Ministro de la Gobernación junto con Rodolfo Martín Villa, Ministro de Relaciones Sindicales y el General Campano, director de la Guardia Civil, intentaban, visitando a los heridos, reducir el impacto de los hechos. Aquel jueves el Secretario General del SPD de Alemania cancelaba la entrevista con Fraga que participaba en una campaña diplomática para vender internacionalmente una reforma avalada por la monarquía.

Estos incidentes aceleraron la acción de la oposición democrática, y su unidad de acción. La Junta Democrática y la Plataforma de Convergencia se fusionan entonces en la Coordinación Democrática o Platajunta el 26 de marzo. Esta nueva junta ejerce mayor presión política sobre el gobierno, exigiendo amnistía, libertad sindical, democracia y rechaza las leyes reformistas. Por otra parte los hechos muestran claramente divergencias en el seno de la iglesia católica entre la jerarquía de extrema derecha y  una nueva iglesia pegada al terreno y solidaria con los más desfavorecidos.

En 2006, la ley de Memoria Histórica reconoce a las víctimas de este suceso como víctimas de la dictadura, a pesar de que sucediera 5 meses después del fallecimiento de Francisco Franco. Reconocimiento que, sin embargo no ha llevado aparejada medida alguna en favor de este colactivo, como denuncia ahora la asociación de familiares de las víctimas.

Transcripción de la grabación policial

V-1 a Charlie. Cerca de la iglesia de San Francisco es donde más grupos se ven. ­Bien, enterados.

Charlie a J-1. Al parecer en la iglesia de San Francisco es donde más gente hay. ¿Qué hacemos? ­Si hay gente ¡a por ellos! ­¡Vamos a por ellos!».

«­J-1 a Charlie. Charlie, a ver si necesitas ahí a J-2. ­Envíalo para aquí para que cubra la espalda de la iglesia. ­J-3 a J-1 Estamos en la iglesia. ¿Entramos o qué hacemos? Cambio».

«…­Entonces lo que te interesa es que los cojan por detrás. ­Exacto».

«­J-1 a J-2 Haga lo que le había dicho (acudir en ayuda de Charlie a Zaramaga). ­Si me marcho de aquí, se me van a escapar de la iglesia. ­Charlie a J-1. Oye, no interesa que se vayan de ahí, porque se nos escapan de la iglesia. ­…Mándennos refuerzos, si no, no hacemos nada; si no, nos marchamos de aquí si no, vamos a tener que emplear las armas de fuego. ­Vamos a ver, ya envío para allí un Charlie. Entonces el Charlie que está, J-2 y J-3, desalojen la iglesia como sea. Cambio. ­No podemos desalojar, porque entonces, entonces ¡Está repleta de tíos! Repleta de tíos. Entonces por las afueras tenemos Rodeados de personal ¡Vamos a tener que emplear las armas! Cambio. ­Gasead la iglesia. Cambio. ­Interesa que vengan los Charlies, porque estamos rodeados de gente y al salir de la iglesia aquí va a ser un pataleo. Vamos a utilizar las armas. Seguro, además ¿eh? ­Charlie a J-1. ¿Ha llegado ya la orden de desalojo a la iglesia? ­Si, si la tiene J-3 y ya han procedido a desalojar porque tú no estabas allí. ­Muy bien, enterado. Y lástima que no estaba yo allí».

«Intento comunicar, pero nadie contesta. Deben estar en la iglesia peleándose como leones. ­¡J-3 para J-1! ¡J-3 para J-1! Manden fuerza para aquí. Ya hemos disparado más de dos mil tiros. ­¿Cómo está por ahí el asunto? ­Te puedes figurar, después de tirar más de mil tiros y romper la iglesia de San Francisco. Te puedes imaginar cómo está la calle y cómo está todo. ­¡Muchas gracias, eh! ¡Buen servicio! ­Dile a Salinas, que hemos contribuido a la paliza más grande de la historia. ­Aquí ha habido una masacre. Cambio. ­De acuerdo, de acuerdo. ­Pero de verdad una masacre».

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