Carlos Viladebó: Le cirque de Calder, 1961

La fascinación por el circo de Alexander Calder (1898-1976) comenzó a mediados de los años veinte, cuando publicó una serie de ilustraciones en una revista neoyorkina del circo Barnum and Bailey a cambio de una pase de temporada. Fue en 1927 en París cuando creó el pequeño circo del que trata este cortometraje y que en su momento hizo las delicias de la vanguardia parisina, sobre todo de Miró y Mondrian. Las actuaciones de Calder podían durar hasta dos horas, con veinte o más números y un intermedio, el artista haciendo de director y su mujer girando el gramófono al fondo. Del ingenio diría el crítico de arte James Johnson Sweeney que era mucho más que un juego. Era un “laboratorio en el que desarrollarían las características más originales de su obra posterior”. Ahora se encuentra en el Whitney Museum de Nueva York en un estado demasiado delicado como para transportarlo, con lo cual este corto de Viladebó se proyecta continuamente, incluso ahora, para ilustrar la obra de Calder. Existe, no obstante, una filmación anterior de Jean Painlevé, realizada en 1953.

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